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martes, 10 de marzo de 2009

CONFORMATEE PONTEE MEDIOCRE


El conformismo tras la búsqueda del mal menor

Desde el año 1990 estoy esperando la llegada de la Alegría prometida por la Concertación de Partidos por la Democracia, y para ser franco ya tengo bien pocas esperanzas de que llegue.

Yo creo que la cosa partió mal desde que el ilustre señor Aylwin, el mismo que apoyó el golpe militar de 1973, fue propuesto como nombre de consenso para asumir como primer presidente democrático tras la dictadura del otro caballero. Aylwin esperaba recibir su tajada después del golpe, pero no contaba con la ambición de Pinochet que lo mandó a la punta del cerro junto con todos los chilenos que no comulgaban con la derecha. Debo confesar que cuando lo veía en televisión, con sus rasgos ratoniles y esa sonrisa que parecía decir “igual los cagué”, me producía desconfianza y algo de temor, seguramente porque siempre tuve la conciencia de que, a pesar de que ahora representaba el camino a través del cual se concretarían nuestros ideales, en el momento del golpe representaba los ideales contrarios.

Bueno, el punto al cual quiero llegar es que yo igual voté por Aylwin bajo la premisa de “buscar el mal menor” entre un candidato de derecha y el que se nos ofrecía, la razón nos obligaba a decidir por Aylwin. Desde ese momento se arraigó en el pueblo chileno el conformismo de buscar el mal menor, el de alzar la voz pero sin molestar demasiado al otro, el de evitar confrontaciones que trajeran más dolor, más sufrimiento y más muerte. Elegimos una democracia vigilada, una democracia en la cual los poderosos de la dictadura aún mantenían el poder, una democracia en la que no se podía buscar el castigo de los culpables que pedían “Perdón y Olvido” amparados en una ley de amnistía ad-hoc, una democracia con senadores designados y muchas cosas más que no se ven en otras democracias.

Nos resignamos a Aylwin y luego a Frei, que con su cara de Moai Pascuense promovió la apertura económica del país, Frei le dijo al mundo que Chile era un país rico, y al decir esto, logró que dejara de llegar ayuda económica al país, que las ONG y grupos de ayuda internacional buscaran otros destinos para sus aportes porque Chile ya no los necesitaba. En lo político, poco o nada cambió.

Luego llegó el compañero Lagos y nuestras esperanzas volvieron a nacer, por fin tendríamos un gobierno de izquierda. Lagos, quien se hiciera famosos por alzar su dedo acusador en televisión cuando era peligroso hacerlo, nos metió el mismo dedo en la boca a todos quienes confiamos en él. Lagos nos mostró una faceta marcada por la soberbia y la altanería y mantuvo el status quo, pero como era de nuestras filas, no nos importó porque era “un Estadista”, y tal vez, el único estadista de Chile. Nuestro Lagos quería volver a ser presidente, y para lograrlo, no le importó culpar de todos los males a una mujer. Afortunadamente, nuestro estadista se pegó los alcachofazos y desistió de su empeño. Desde ya, gracias al asesor que le abrió los ojos para que no insistiera en una nueva candidatura (espero que no esté cesante).

Al buscar el menor de los males solo hemos obtenido males mayores. La salud y la educación son indignos y dependen del mercado, tenemos una clase política sin clase, tenemos un país rico en donde la gente común y corriente es cada día más pobre, tenemos libertad, pero no tenemos forma de reclamar nuestros derechos ante las instituciones y ante las grandes corporaciones, tenemos igualdad ante la ley pero con un sistema legal entrampado, ineficiente y discriminatorio. Tal vez tenemos solo lo que merecemos porque no somos capaces de romper el esquema de la oveja y no logramos alejarnos del rebaño o liderarlo. El problema de nuestro rebaño es que no genera nuevos líderes porque los actuales, antaño de izquierda, se han aburguesado, están apernados en el poder e impiden a toda costa la aparición de nuevos líderes, a veces, con acciones dignas de la mafia y amparados en un sistema que anula a las minorías. Nuestros líderes están estrujando la teta para sacar todo lo que puedan mientras dure la fiesta, y después dejarán al resto del rebaño la tarea de asumir los costos y limpiar la casa.

El camino que la Concertación ha seguido desde nuestro retorno a esta pseudo-democracia, nos lleva inexorablemente a un nuevo gobierno de derecha, apoyado básicamente por los errores de la misma Concertación. Espero que antes de la debacle, nuestros excelentísimos Dinosaurios dejen de ser empresarios, sean capaces de reconocer sus errores, y tengan la humildad y el tino de cambiar las cosas antes de que sea demasiado tarde.

Ya no espero la alegría, ahora me conformo con un poco de sentido común.

Lorenzo Pardo

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